domingo, agosto 26, 2007

Sanguinarius


Aparentemente podría parecer que el tema vampírico está más que agotado. Han pasado ya cerca de dos siglos desde que John Polidori publicó, basándose en la figura de Lord Byron, “El vampiro” en 1819. Desde entonces se han publicado miles de relatos, cientos de libros y un número incalculable de antologías sobre el tema.
Y, aún así, uno todavía puede sorprenderse. No sólo gracias a los nuevos autores que siguen tocando el tema (hace poco he leído “Dorada” de Lucius Shepard un gran libro que demuestra que todavía se pueden decir muchas cosas sobre las criaturas de la noche), sino, también, respecto a relatos clásicos que dormían la noche de los justos y que reaparecen de la mano de editoriales como Valdemar para deleite de los aficionados al terror.
“Sanguinarius” es una gran antología que recomiendo encarecidamente a todo aquel que disfrute leyendo historias de chupasangres. Antonio José Navarro ha conseguido reunir un buen puñado de cuentos poco conocidos por el lector español pero plenamente satisfactorios, y en la que resulta interesante la amplitud cronológica de la muestra, desde 1820 hasta 1967. De las brumas del género gótico, al terror profesionalizado de nuestros días. De esta manera, el lector puede estudiar, en cierta forma, la evolución de la figura del vampiro a través de los años.
Quizás lo único criticable sea que algunas de estas historias, aunque de terror, poco tienen que ver con el vampiro (caso de los cuentos de Cholmondeley, Meyrink, Sturgeon, Matheson o Russell), lo que no evita que sean plenamente disfrutables.
Entre los mejores relatos destacan “El extraño misteriosos”, un cuento anónimo de 1860, que a pesar de su marcado aire gótico ha resistido bien el paso del tiempo.
Igual puede decirse de “La tumba de Ethelind Fiounguala” (1887) de Julian Hawthorne, hijo de Nathaniel Hawthorne. El norteamericano es otro autor desconocido hoy en día, oculto por la larga sombra de su padre. Curiosamente, este estupendo relato resulta más cercano al universo del irlandés Sheridan Le Fanu que al puritanismo del autor de “La letra escarlata”.
Otra joya escondida es “Concesión de libertad” (1890) de la británica Mary Cholmondeley, una autora poco conocida pero que consigue una obra cercana al espíritu de M. R. James y que poco tiene que envidiar al gran maestro, hasta el punto de convertirse, en mi opinión, en la mejor de toda la antología.
A pesar de lo vulgar del título, “Historia verdadera de un vampiro” (1894) es un relato sutil y poético capaz de poner los pelos de punta no tanto por lo que se cuenta como por lo que se insinúa. En el género del terror, la premisa de menos es más suele ser muy efectiva. Su autor, Eric Stenbock, es otro ilustre desconocido de los muchos que pueblan estas páginas.
Peculiar y muy atractivo resulta “Grettir en la granja de Thorhall” (1903) obra de Frank Norris, el autor norteamericano naturalista por excelencia (se le conoció en su época como el Zola de E.E.U.U.). Norris decide olvidarse momentáneamente del realismo más pedestre y traza una potente y evocadora historia de vampiros islandeses en la época vikinga digna de las mejores sagas nórdicas.
Finalmente, no puedo dejar de mencionar una pequeña obra maestra, “Primer aniversario” de Richard Matheson (1960), un cuento pavoroso que narra en clave de terror los desengaños del matrimonio de una forma que difícilmente se borrará de la memoria del lector.
El resto de los cuentos, aunque de nivel inferior, no dejan de tener su interés. En algunos casos se les nota mucho el paso del tiempo, como es el caso de “La novia de las islas” (1820), un delirante pastiche de Charles Nodier basado en las obras previas de Byron y Polidori, o de la muy gótica (y muy absurda) “El esqueleto del conde” (1824) de Elizabeth Grey.
En otros casos se nota que el autor todavía no acaba de controlar las artes de su oficio como sucede en el sorprendente “Yo, el vampiro” (1937) de Henry Kuttner, digo sorprendente por que a Kuttner se le tiene conceptualizado como un autor clásico de ciencia ficción cuando resulta que su primeros pinitos los hizo en el terror. En este cuento moderniza el mito del vampiro y lo sitúa, de forma muy apropiada, en Hollywood pero falla un tanto en la estructuración de la historia excesivamente brusca y acelerada.
“Tan cerca de la oscuridad” (1955) de Theodore Sturgeon es un relato magistralmente escrito y muy imaginativo pero al que le pesa un final demasiado críptico.
“El muerto viviente” (1967) de Robert Bloch no es un relato de terror si no una muy buena muestra de hasta que punto el autor de “Psicosis” poseía un humor de lo más negro.
Por último, debo mencionar un par de relatos que, simplemente, no me han gustado. “El país del tiempo de las sanguijuelas” (1920) de Gustav Meyrink es demasiado esotérico para mi gusto y “Sanguinarius” (1962) de Ray Russell es un revisitación del caso de la condesa Bathory, algo que ya ha sido hecho muchas veces y a la que esta versión aporta muy poco, excepto la idea de que Bathory era, en cierta forma, inocente (algo bastante complicado de creer a nada que se haya leído sobre el tema) y un suave erotismo sadomasoquista que en época debió ser la bomba (no en vano se publicó en Playboy) pero que hoy sólo nos hace sonreír.
En fin, como decía, una estupenda antología de vampiros editada con el buen gusto habitual de Valdemar y que hará las delicias de cualquier aficionado a este subgénero de terror.

3 Comments:

Blogger Errantus said...

Suena muy bien esa recomendación. Gracias por escribirla Iván.

Saludos desde el otro lado del charco.

mié. ago. 29, 11:00:00 p. m. 2007  
Blogger Montoya said...

“El país del tiempo de las sanguijuelas”, a pesar de las numerosas críticas negativas con que cuenta su haber, no es, ni de lejos, un mal cuento, muy al contrario, aunque quizá no sea lo mejor de la recopilación. Interesante es “Historia verdadera de un vampiro”. “Sanguinarius”, la que da nombre al título del conjunto, muy probablemente haya de leerse en clave de literatura erótica, (más que como si se tratara de una breve novela histórica) y siendo una dignísima obra, hace las delicias de los que gustan de los restantes escritos del autor, así como de quienes disfrutan leyendo “Historia de mi vida” de Casanova o, incluso, salvando las distancias, las novelas de Negrete, que no andan escasas del tema que acontece. Leí este libro hace tiempo, ahora, vuelvo a la reseña por casualidad. He de decir que sin llegar a “El Vampiro” de Siruela u otras antologías de mayor gusto, disfruté con él.

lun. jun. 16, 06:12:00 a. m. 2008  
Anonymous Anónimo said...

Hola!!!! Respecto al cuento de Russell, considero que el final de algún modo salva a la historia, te soy sincera, me tomó por sorpresa, me dejó helada, nunca imaginé que el "Señor" al que la mujer le habla y le consagra su alma es el mismísimo Lucifer. Considero que como cuento erótico es bueno y además, te da una perspectiva diferente de lo que pudo ser la condesa Bathory, finalmente es un tipo de real person fiction y como literatura es válido. En cuanto a los demás cuentos coincido contigo en opiniones, el mejor de toda la antología es el del maestro Matheson, en cuanto a originalidad me encantó Grettir, retrata de algún modo el folclore escandinavo junto con toda esa descripción paisajista. El que menos me gustó fue el de Sturgeon, aunque tiene ciertos elementos que le dan originalidad como el vampiro que al final resultó ella y la escena en el cabaret son rescatables. Meyrink, además de esotérico es muy filosófico, no me disgustó del todo. Otra antología buenísima sobre el tema de los vampiros, y que abarca estilos, puntos de vista y corrientes diversas es Crónicas de vampiros, el llamado de la sangre, Ed. Círculo Latino, de esa antología me encantó un cuento llamado Vampiro con medias mangas. Podría extenderme pero será en otra ocasión. Saludos desde México.

mar. abr. 02, 02:59:00 a. m. 2013  

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