jueves, julio 19, 2007

Fantástico Interior


A priori, la idea en la que se fundamenta este libro es, como poco, original e interesante: una selección de textos fantásticos en los que el mobiliario juegue un papel fundamental (probablemente eso explique que la difunta editorial Celeste coeditase el libro con el Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores de Interior de la Comunidad Valenciana; algo peculiar cuando menos). Que sea, además, la gran Pilar Pedraza la encargada de la selección promete.
Sin embargo, el resultado final me ha dejado un tanto frío. El libro está primorosamente editado (una pena que Celeste no acabase encontrando su hueco junto a Valdemar y Siruela, editoriales más que afines), cuenta con unas ilustraciones de cubierta e interior de lo más acertado, desenfadado y gracioso (gracias a Cuaderna Vía Comunicación S.L.) y se articula alrededor de cinco partes que suenan bastante atrayentes: “Mueble y relato”, “Los muebles vivos”, “Interiores fantásticos”, “Los objetos siniestros” y “Pesadillas y obsesiones”.
¿Dónde está el problema? Fácil, en que se incumple el propio título del libro: “Fantástico Interior. Antología de Relatos sobre Muebles y Aposentos”, ya que de los quince textos aquí presentes sólo ocho son realmente relatos, el resto son fragmentos de diferentes novelas. Y, como ya he mencionado más de una vez, siempre he detestado esta práctica mutiladora. No dudo que los trozos presentados tengan su importancia, pero prefiero leerme “Cumbres borrascosas” de Emily Brönte, “Juliette” del Marques de Sade, “Al revés” de J. K. Huysmans, “La otra parte” de Alfred Kubin, “Malpertuis” de Jean Ray, y “El Rastro” de Ramón Gómez de la Serna enteros que no a trocitos.
Aparte que Pedraza, al utilizar este sistema, hace, en cierta forma, algo de trampa. Me explico, coger un fragmento de dos hojas de “Cumbres borrascosas” en el que se describe la cama de uno de sus protagonistas encaja con el espíritu del libro, pero puede dejar en el lector la idea, claramente errónea, de que el mobiliario fantástico es uno de los grandes temas de la obra de la Brönte, algo, que, como todo el que haya leído esta inmortal novela sabrá, es evidentemente falso.
En cuanto a los cuentos supervivientes, hay de todo como en botica (o con en cualquier otra antología). Algunos cuentos son claramente flojos como es el caso de “El armario” de Thomas Mann (me esperaba más de un autor de su talla) o “La habitación de pesadilla” de Arthur Conan Doyle (una humorada con muy poca gracia). Pero, hay que reconocer que el resto son bastante buenos y muy por encima de la media.
Lastima que algunos de ellos sean archiconocidos, caso de “La mascara de la muerte roja” de Edgar Allan Poe o “El almohadón de pluma” de Horacio Quiroga. Con todo, resultan fascinantes las dos piezas de Guy de Maupassant (“¿Quién sabe?” y “La cabellera”) como ejemplo de la enfermedad mental como fuente y protagonista del cuento fantástico.
En la misma línea está la, quizás, obra maestra del volumen, “El cuarto amarillo” de Charlotte Perkins Gilman que, además, es un más que notable intento de literatura feminista.
Finalmente, “La cafetera” de Theophile Gautier, aunque algo corto de vuelo y con un final un tanto abrupto, es también un perfecto ejemplo del buen hacer del francés en el relato fantástico.
Ahora bien, si por algo voy a recordar este volumen es por las fascinantes introducciones de Pilar Pedraza a cada uno de los textos, auténticos mini-ensayos plenos de precisión, ironía e información que harán las delicias de cualquier buen aficionado al género fantástico, a la literatura en general o a la decoración de interiores.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

En cambio yo creo que "El armario" es una obra maestra...

sáb. jul. 21, 01:23:00 a. m. 2007  
Blogger Iván Fernández Balbuena said...

Para gustos...

dom. jul. 29, 12:41:00 a. m. 2007  

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