lunes, julio 30, 2007

Cuentos Fantásticos del XIX















En ocasiones, cuando uno lee un libro considerado unánimemente como genial nos podemos llevar una decepción mayor que cuando nos ventilamos un bodrio sin contemplaciones. Ya se sabe cuan sensibles pueden llegar a ser las expectativas frustradas. Sin olvidar que es posible que a uno le entre el complejo de bicho raro, la fácil reflexión de cómo es posible que nadie se haya dado cuenta de que esto es un coñazo.
Claro está, cuando resulta que después de leer una obra maestra estamos de acuerdo con la mayoría, el resultado también es fácil de averiguar. En este caso la pregunta es, por qué narices no me habré leído antes este pedazo de libro.
Bueno, en mi caso, al enfrentarme con “Cuentos fantásticos del XIX”, la más que celebre antología de Italo Calvino, tenía también un cierto sentimiento de culpa. Un libro tan importante y a mis años sin haberle echado la vista encima.
En fin, una vez superados mis complejos, y después de unas horas de frenesí lector puedo decir sin dudarlo que me encuentro ante la segunda posibilidad ¡Pedazo de antología se curró el señor Calvino! Ciertamente, conocía muchos de los cuentos aquí presentes pero, en cualquier caso, no pudo menos que alabar el buen gusto del italiano, son casi los mismo cuentos que yo habría elegido y, en resumen, Calvino consigue la antología definitiva sobre este tema.
Realmente, es notable la precisión a la hora de saber tocar tantos palos, cuentos de fantasmas, de vampiros, de casas encantadas, folklóricos, originales, infantiles, de autores reconocidos dentro del fantástico, de autores realistas que hicieron sus pinitos en el género, de maestros de la literatura, de toscos artesanos, de ciencia ficción, de Inglaterra, Francia, Alemania, E.E.U.U., Rusia, etc, etc.
Calvino consigue la hazaña de tocar todos estos palos en 26 textos sobresalientes y admirables. Además, su honradez y profesionalidad son a prueba de bomba, reconoce la ausencia de autores españoles e italianos con dos argumentos de peso: la falta de calidad de los segundos y su incomodidad ante Bécquer, la elección española más obvia (me pregunto si, a cambio, podría haber metido algo del uruguayo Quiroga, aunque es posible que las fechas fallen).
Por supuesto, la introducción general a su selección y las introducciones particulares a cada uno de los cuentos son pequeñas obras maestras que más que complementar este rico libro le otorgan un valor añadido.
Es posible que la mayoría de los aficionados tengan ya muchos de estos relatos pero merece la pena hacerse con este libro, tanto por alguna rareza presente, como por tener en nuestro poder un clásico indiscutible.
Únicamente le pongo dos peros a la labor de Calvino, el haber utilizado un fragmento del “Manuscrito encontrado en Zaragoza” de Jan Potocki (algo que reconoce con elegancia como la excepción que confirma la regla) y el incluir el cuento de Jean Lorrain, que siempre me ha parecido bastante sobrevalorado.
No voy a analizar como otras veces todos los relatos de la antología por que me siento incapaz de hacer frente a semejante derroche de genialidad, simplemente pondré el listado de títulos para que quede palpable la abrumadora calidad de esta selección:

“Historia del endemoniado Pacheco” de Jan Potocki.
"Sortilegio de Otoño” de Joseph von Eichendorff.
“El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann.
“La historia de Willie el vagabundo” de Walter Scott.
“El elixir de larga vida” de Honoré de Balzac.
“El ojo sin párpado” de Philarète Chasles.
“La mano encantada” de Gerard de Nerval.
“El jóven Goodman Brown” de Nathaniel Hawthorne.
“La nariz” de Nikolái Gogol.
“La muerta enamorada” de Théophile Gautier.
“La Venus de Ille” de Prosper Merimée.
“El fantasma y el ensalmador” de John Sheridad Le Fanu.
“El corazón revelador” de Edgar Allan Poe.
“La sombra” de Hans Christian Andersen.
“El guardavía” de Charles Dickens.
“Un sueño” de Iván Turguéniev.
“Chertogón” de Nikolái Semiónovich Leskov.
“¡Cómo para confundirse!” de Villiers de l’Isle-Adam.
“La noche” de Guy de Maupassant.
“Amour dure” de Vernon Lee.
“Chickamauga” de Ambrose Bierce.
“Los agujeros de la máscara” de Jean Lorrain.
“El diablo de la botella” de Robert Louis Stevenson.
“Los amigos de los amigos” de Henry James.
“Los constructores de puentes” de Rudyard Kipling.
“El país de los ciegos” de H. G. Wells.

Una última cosa, como me compro más libros de lo que es razonable, elegí la edición más asequible de este título, en dos tomos y sencillota. Lo digo por que para el que disponga de capital es mucho más recomendable hacerse con la edición más lujosa en tapa dura y un solo tomo, o, ya puestos, buscar los dos tomitos originales de la extinta colección El Ojo sin Párpado. Por supuesto, todas de Siruela.

2 Comments:

Blogger ana said...

Buscando sobre Lovecraft y teoría de la literatura fantástica llegué hasta aquí, y como no me gusta entrar a un lugar y salir sin saludar, te dejo un abrazo de satisfacción porque me gustó mucho tu artículo. Pienso también que Calvino debió incluir a Quiroga, aunque esté unos añitos fuera de época, ¿no lo considerás argentino?

mar. feb. 19, 06:57:00 p. m. 2008  
Anonymous cesar said...

Este libro me ha encantado. Nadie debería dejar de leerlo.

vie. ago. 29, 08:39:00 p. m. 2008  

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