viernes, enero 13, 2006

Postales desde La Habana y otros relatos


La verdad es que va a dar la sensación que me estoy convirtiendo en una especie de crítico rapaz, de esos a los que no hay nada que les satisfaga y le ponen peros a todo. De verdad que intentó que los libros que me compro me gusten, suena algo pueril pero es cierto, puede que sea un intento infantil por ver rentabilidad a mis (excesivos) gastos literarios pero es así. Claro que, a veces, las cosas te las ponen muy difíciles...
Uno coge en sus manos este “Postales desde la Habana y otros relatos” y le parece un libro atractivo, formato de bolsillo, ilustración adecuada, precio ajustado. Empieza a leer la introducción y todo va sobre ruedas y luego llega al primer cuento y el mundo se desmorona.
Primer y más grave error, el tipo de letra cambia. El de la introducción es el normal en libros de bolsillo, por poner un símil el 12 de Word, el de los cuentos se convierte en un 8 o un 6. Vamos, una letra minúscula similar a la famosa letra pequeña de los contratos que nadie se lee (vale, exagero, pero ahí se anda).
Me imagino que la decisión de AJEC para hacer así las cosas tendrá su justificación y supongo que irá por el lado de los costes y poder meter el mayor número posible de cuentos en un determinado número de páginas. Me imagino... En cualquier caso el resultado final puede ser un suplicio, especialmente si uno tiene problemas de vista o bombillas de 40 watios.
Pero ahí no está lo peor, luego te lees ese primer cuento “Da la luz” de Miguel Rodrigo Gonzalo y la mandíbula se te cae a la altura del pecho. Insisto, no quiero ser cruel, pero es que es malo, malo pero que muy malo. Tanto el tema, como el estilo, como los personajes, como todo, sencillamente un cuento que no debería de haberse publicado. Un ensayo que, quizás, lleve a su autor algún día a conseguir obras mucho más logradas pero que como todo ensayo se debería de haber quedado en el cajón, lejos de miradas indiscretas.
En fin, que con semejante panorama a uno le dan ganas de dejar de leer, afortunadamente, ese no fue el caso. Por que, una vez superado el tamaño de la letra y recuperado del shock inicial de ese primer cuento, el resto mejora y, en algunos casos, bastante.
El que una antología sea irregular parece un axioma inamovible de la literatura fantástica y “Postales desde La Haban” la cumple a rajatabla. Hay relatos bastante discretos (aunque perfectamente publicables) y otros realmente brillantes. Entre las decepciones se sitúa “El otro Golem” de Gonzalo Séller un tanto ingenuo y anticuado en su tratamiento de una guerra robots-humanidad, “Besos de sangre” de Alicia Sánchez Martínez una historia de vampiros demasiado deudora de Rice por ser caritativos y “Lorum: Totum Mens” de Gonzalo Guijarro Puebla que más que un relato es un abstracto ensayo filosófico sobre el sentido de la percepción de una supuesta raza alienígena.
Entre lo bueno, hay cosas muy, muy buenas. Un cuento de terror realmente perturbador “¿Te acuerdas?” de Carlos Martínez Córdoba, otro más de similar temática situado en la Barcelona del siglo XVIII y que es un prodigio de ambientación (lastima que tenga un final tan abrupto, parece más el primer capitulo de una novela) “El diván de tela roja” de Silvia Vaello, una magnífica reflexión sobre la violencia de género y con una peculiar y atrayente técnica narrativa “El punto canalla” de María Concepción Regueiro, una interesante reflexión sobre la inmortalidad “Estación de paso” de Eric Brown, un ciberpunk alocado, comiquero y muy divertido “Final” de Ezequiel Dellutri y, por último, las dos joyas del volumen: “Tiempo de dioses” de Fran Ontanaya, un cuento con el hálito de “Pórtico” de Pohl y “Postales desde la Habana” de Ignacio Sanz Vallas, una apasionante ucronía sobre una Cuba que nunca existió gracias a un Nixon que le ganó las elecciones a Kennedy.
Se me olvidaba comentar que el libro recoge el ganador y los mejores relatos del III Premio El Melocotón Mecánico, premio que recayó en el cuento que da título al volumen. Disentir de la decisión de un jurado literario es legítimo y no voy a aguantarme las ganas de hacerlo. Disiento, para mí, el relato de Ontanyaa debería de haberse llevado dicho galardón.
En fin, un libro recomendable si uno se salta un relato y si se tiene a mano una buena lupa.

2 Comments:

Blogger Fran Ontanaya said...

No os entiendo, de verdad. En cuanto "pierdo" un premio y reniego del cuento, empiezan a aparecer críticas positivas.

A mi no me gusta la versión que finalmente publicaron. La volví a leer hace unos meses y tuve que corregir muchos defectos porque me pareció horrible. A lo mejor se me ha ido la olla y me he vuelto demasiado crítico conmigo mismo.

Por cierto, que Pily B. también piensa lo mismo. Desde luego, estais todos como una cabra…:P

vie. ene. 13, 04:22:00 p. m. 2006  
Blogger Iván Fernández Balbuena said...

¡Hombre! no nos pongamos estupendos. Todo es mejorable que duda cabe y no creo que este cuento vaya a estar entre los 10 mejores de la historia del género pero la idea es buena y está muy bien escrito, además, todo es relativo, en cierta forma mi opinión viene mediatizada por la comparación con los otros cuentos y mis propios gustos.

mié. ene. 18, 08:47:00 p. m. 2006  

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