jueves, diciembre 29, 2005

Una breve obra maestra: Ondina del Barón de la Motte Fouqué


Si este libro hubiera sido protagonista de una de esas campañas publicitarias que acompañan a los best sellers que quieren hacer honor a su nombre y en dicha campaña se tuviera que escribir una frase promocional corta y efectiva, la elección sería algo parecido a esto: El más bello relato fantástico de todos los tiempos.
No es pasión de este pobre friki, es algo que han sostenido en los dos últimos siglos lectores y críticos tan distintos entre si como Heine, Lovercraft o Bergamín. Llegado a este punto más de uno enarcará la ceja y se de dirá ¡Vaya exageración! Yo mismo podría haberlo dicho si no fuera por que he sucumbido al embrujo de esta novelita sin parangón.
El tema de los espíritus de los aires (sílfides), fuego (salamandras), sub-suelo (gnomos) y, en este caso, aguas (ondinas), hunde sus raíces en las tradiciones más antiguas de los pueblos europeos. A modo de ejemplo tenemos en España las Xanas asturianas, espíritus de las aguas parecidos a las ondinas descritas en este libro aunque con bastante más mala uva. A lo largo de los Edad Media Tardía, del Renacimiento y del Barroco, clásicos del ocultismo y el esoterismo como Paracelso o Montfaucon de Villars trataron de estos seres de una forma más o menos seria. Durante el Romanticismo poblaron gran cantidad de relatos, como algunos que he leído recientemente y tratado aquí (Cazotte, Bibbiena), pero se asume que este librito publicado en 1811 y obra del alemán Barón de la Motte Fouqué es el mejor de todos (aunque en fechas posteriores hay otros acercamientos al tema memorables como el realizado por Morike, otro alemán).
La base de todos estos relatos es la misma, estos espíritus elementales carecen de alma pero pueden conseguirla si consiguen casarse con un humano. Lógicamente, las historias subsiguientes suelen tener un carácter trágico.
Para estas fechas, esta temática debía de estar casi agotada, solo hay que recordar como Bibbiena la utiliza de forma burlesca y como excusa para realizar un relato erótico. Por eso, el merito de Fouqué es mayor aún.
No voy a desentrañar aquí toda la historia, correría el riesgo de que esta reseña fuese más larga que el propio libro (unas 130 páginas de letra generosa que se leen en un suspiro). Eso si, a pesar de su brevedad, la riqueza del texto es abrumadora. Para si querrían los autores de las actuales megasagas interminables y farragosas ser capaces de expresar tanto en tan poco espacio. Crítica social, un tratamiento bastante acertado del amor y la fidelidad, lo implacable del destino, el paso del mundo salvaje al civilizado... son algunos de los temas que aparecen aquí. Pero, además, hay que sumarle una imaginación desbordante que sabe crear con apenas dos trazos un mundo fantástico que apenas intuimos pero que sabemos complejo y fascinante. Sin olvidar que todo ello está acompañado por un estilo deslumbrante y bellísimo, con algunas de las descripciones paisajísticas más evocadoras de las letras alemanas del XIX (espléndidamente traducidas por Carmen Bravo Villasante). En fin, una delicia que recomiendo de forma fervorosa a todo aquel que todavía no conozca esta obrita. Por favor, olvidaros por un momento de la última novedad ( de unas 1000 páginas y con varias continuaciones pendientes) y darle un par de horas a esta historia, será un tiempo del mejor aprovechado de vuestra vida lectora.

1 Comments:

Anonymous Juanjo said...

Hola,
quizás no sea esta la entrada más adecuada, pero no me puedo resistir a darte la enhorabuena por el blog. Estaba leyendo «El agua y los sueños» de Bachelard, y se me dio por buscar en google más sobre Ondinas y, mira tú, llevo ya un buen rato leyendo feliz tus entradas.
Muchas gracias y un saludo.

mar. ene. 02, 11:07:00 p. m. 2007  

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