domingo, enero 01, 2006

El 2005 (y 2)

Bien, ahora voy a pasar a hacer un repaso de los títulos que me han parecido más interesantes este año. Como es imposible leerse todo mezclaré mis opiniones personales con lo que me han comentado gentes en cuyo criterio confío. Por supuesto, la exhaustividad es imposible, así que nadie espere que haga un comentario de “todo” lo que se ha publicado este año.
En líneas generales, lo más llamativo del 2005 es su carácter altamente irregular. En efecto, los autores españoles no han publicado este año sus mejores trabajos pero lo que nos llega de sus colegas de otros países es bastante más interesante.
Así, dentro del campo nacional no hay muchos libros que me parezcan atractivos, aunque esto puede ser más culpa mía que de nuestros esforzados literatos. Destacaría sobre todo la proliferación de antologías de relatos por dos razones: por tratarse de un formato bastante difícil de encontrar en el mundo editorial actual y por que tengo debilidad por la narrativa corta. En este sentido, y teniendo en cuenta que ninguna antología es redonda y todas tienden a ser irregulares, destacaría los dos ejemplares de Artifex y el segundo volumen dos Paura sacados por Bibliopolis. Tampoco son desdeñables los volúmenes sacados por Parnaso (“La ciudad de los muertos”), AJEC (“Postales desde la Habana”) y B (“Premios UPC 2004”), todos ellos como consecuencia de sus respectivos premios. A todo esto hay que sumar los correspondientes tomos de la AECFFT (“Visiones” y “Fabricantes de sueños”). Sin embargo, lo que me ha parecido más notorio dentro de este campo ha sido la iniciativa de Berenice de sacar una antología con los mejores cuentos de Rodolfo Martínez. No solo por el hecho en si (Rudy es uno de nuestros mejores autores) sino por que ésta es una iniciativa que hacia falta en el mercado español. Si en su momento era más o menos fácil encontrar antologías de autores de fuera (Asimov, Silverberg, Vance, etc), de gente de aquí era imposible excepto con algunos popes del pasado como Domingo Santos o Gabriel Bermúdez Castillo. Rafa Marín era casi la única excepción en cuanto a gente más contemporánea, si la iniciativa de Berenice cuaja quizás en el futuro podamos disponer de antologías asequibles de otros autores nuestros (y aquí que cada uno ponga los nombres que quiera).
En cuanto a las novelas, pues poquito, poquito. Siguen publicándose varias continuaciones más o menos meritorias de exitosas series, como “Mundos y demonios” de Aguilera, “Sherlock Holmes y las huellas del poeta” de Rodolfo Martínez (ambas en Bibliopolis) o “El espíritu del mago” de Negrete (Minotauro) A los que les gustaron las respectivas sagas, pues estupendo, por que en ningún caso estos títulos representan grandes novedades respecto a lo anterior.
En cuanto a las novedades, altamente irregulares, Rafa Marín sacó un pastiche holmesiano (“Elemental querido Chaplin” en Minotauro) y la novela victoriosa en el premio Minotauro (“Los sicarios del cielo” de Rodolfo Martínez, se puede decir que el 2005 es el año de Rudy) no ha dejado un buen sabor de boca. Lo mismo puede decirse de casi todos los finalistas que puntualmente ha publicado Minotauro con la posible excepción de Vaquerizo y su “Danza de tinieblas” una interesante ucronía.
En el campo extranjero se ha producido una curiosa situación de la que hablaré más adelante. En cualquier caso, únicamente constatar que la abundancia es abrumadora e imposible de seguir para nadie, ni por tiempo, ni por dinero ni, incluso, por ganas. En cualquier caso, puede que Bibliopolis haya sido la editorial que se lleve el gato al agua este año en cuanto a la calidad. Su colección de títulos interesantes es impresionante. Mantiene en activo (algunas finalizando este año) varias sagas, para mi las más interesantes son las de Sapkowski y Harrison aunque también parece tener muy buena pinta la de Wright, siendo la de McKillip la más flojita. Otros títulos de interés son “Cismatrix” de Sterling (uno de los libros que llevaba más tiempo esperando), “Historia natural” de Robson, “La muerte del nigromante” de Wells y “El año de nuestra guerra” de Swainston.
De Gigamesh, lo más significativo es, sin duda alguna, la continuación de la megasaga que está marcando una época: “Canción de hielo y fuego” y la afortunada y brillante reedición de los cuentos completos de Brown (esto último es un error, por que te hace ser ambicioso y empezar a exigir ediciones similares de los cuentos de Bester, Ballard, Matheson, Tiptree, Sheckley, etc, etc). Tampoco es desdeñable la reciente aparición de un inédito de Dick (“La pistola de rayos”), se supone que menor pero un Dick siempre es un Dick.
Minotauro está desconocida, ha centrado su producción en los autores nacionales y poco de interés ha sacado de los de fuera. Mencionar que al fin se cierra la serie de “Titus” de Mervyn Peake pero de los pocos títulos publicados solo me han hablado bien (y tampoco sin tirar cohetes) de “Carbono alterado” de Morgan.
La Factoría de Ideas parece que ha decidido tirar la casa por la ventana. Nada menos que 20 títulos nuevos de terror y cf (de fantasía prefiero no hablar debido a la mala costumbre de publicar los libros mutilados en varios trocitos que hacen que una trilogía se convierta en nlogía).
Dentro de la cf se agradece la publicación de un inédito jugoso como “En algún lugar del tiempo” de Matheson o la recuperación de un inencontrable como “Incordie a Jack Barron” de Spinrad. En cuanto a las novedades, destacan los dos títulos de Banks (“El artefakto” y “Contra la oscuridad”, aunque el primero sea un tanto ilegible por cuestiones conocidas por todos), la vuelta de China Mieville con “El consejo de hierro” y la aparición de dos nuevos valores: Stewart con “Galveston” y McLeod con “Las edades de la luz”. En cuanto al terror, con que aparezca algo nuevo de Ramsey Campbell (“El segundo nombre”) me conformo, friki que es uno.
En cuanto a Ediciones B, prefiero no hacer leña sobre el árbol caído. Siempre es triste ver la decadencia de un proyecto que en tiempos fue grande.
Hasta aquí un año interesante pero no memorable. Muchos libros a tener en cuenta pero, quizás, pocas obras maestras o inolvidables. Todo esto sería cierto si no fuera por un fenómeno ya antiguo pero que creo que este año ha surgido por primera vez con una fuerza tremenda: la aparición de los mejores libros de cf, fantasía y terror dentro de las colecciones llamadas generalistas y de la mano de autores que no pertenecen al guetto.
En efecto, de toda la vida editoriales como Planeta o Plaza Janés han publicado a escritores de género en sus colecciones mainstream. Algo que también ha pasado este año con el buen libro de terror de Peter Straub “Perdidos”.
Pero lo curioso del 2005 es la cantidad de grandes libros fantásticos escritos por autores de los llamados serios. Ya he hablado de dos de ellos, Michael Cunningham con “Días memorables” y Kazuo Ishiguro con “Nunca me abandones”. A ellos habría que sumar a Houllebecq (“La posibilidad de una isla”) y todo un Nobel como Saramago (“Las intermitencias de la muerte”) que discurren respectivamente sobre la clonación y la inmortalidad. O a Philiph Roth, un autor norteamericano de toda la vida que ya habría ganado el Nobel si no fuera por su nacionalidad y que ha creado una interesante ucronía en “La conjura contra América”. Susanne Clarke se adentra en la fantasía con “Jonathan Strange y el señor Morrell”, David Mitchell describe nuestra sociedad globalizada en “Escritos fantasmas” y Andrew Niffenegger se deja llevar por el amor, la enfermedad y los viajes temporales en “La mujer del viajero del tiempo”. Y también podríamos hablar de más casos como los libros de Hari Kunzru o Max Barry.
Este fenómeno también se manifiesta dentro de las letras españolas aunque con más modestia. Véase a Nicolás Casariego con “Cazadores de luz” o a todo un José María Guelbenzu debatir sobre el diablo y la otra vida en “Esta pared de hielo”.
En fin, que vivimos tiempos de mestizaje e hibridación y que las fronteras entre la literatura de género y la literatura con mayúsculas tienden a difuminarse tanto entre los lectores y escritores como entre críticos y editores. Y eso, bajo mi punto de vista, es lo más positivo que ha tenido el 2005.

1 Comments:

Blogger J.Fidel said...

Tengo la sensación que en este pasado 2005 lo que ha sucedido, y que creo que el 2006 se hará más evidente, es que el mercado editorial está comenzando el periodo de "vacas flacas". El españolito medio tiene menor poder adquisitivo, por lo que se gasta menos en libros. Pero los géneros están mejor que nunca. Me explico, se vende menos literatura en cómputo global, pero que la literatura de género (cf, fantasía, histórica, negra,...) vende más que la "gran literatura", que ahora no vende un carajo, por lo que el género (sobre todo fantasía, histórica y negra) vende más que nunca, pese a que el mercado está retroceso.

vie. ene. 06, 03:14:00 p. m. 2006  

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