lunes, noviembre 07, 2011

"Cuentos Fantásticos" de Iginio Ugo Tarchetti

He dejado a un lado a los autores italianos porque no me agradaba hacerlos figurar sólo por obligación: lo fantástico representa en la literatura italiana del XIX algo “menor”.
Palabras de Italo Calvino en su célebre antología “Cuentos fantásticos del XIX”. Y palabras que me llamaron la atención ¿Realmente el XIX italiano es tal páramo para el fantástico? Evidentemente, no soy un experto en el tema, pero repasando mis escasos conocimientos sobre narradores decimonónicos italianos me salen nombres como Manzoni, Verga, D’Annunzio, o Svevo y, reconozco que ninguno de ellos se centra precisamente en lo fantástico (novela histórica romántica, realismo, decadentismo, vanguardia, pero no mucha fantasía). Incluso Salgari, el mayor autor de novela popular de Italia, no es precisamente alguien que se decante por este género y sus escasas muestras al respecto dejan muchísimo que desear. Caso aparre sería el de Collodi y “Las aventuras de Pinocho” pero, me temo, su carácter infantil le resta muchos enteros (aunque sea una obra de gran mérito).
En fin, con todo, me seguía llamando la atención la cita de Calvino, para un país que en el XVII fue capaz de dar a Basile y su “Pentameron”, y que en el XX situó al propio Calvino a la cabeza de este campo, no dejaba de resultar extraño semejante hiato de más de doscientos años.
Años más tarde di con este librito en una librería de Ávila: “Cuentos fantásticos” (1869) de Iginio Hugo Tarchetti (1841-1869) de Violín de Carol Ediciones (2007). Ni me sonaba la editorial (aparentemente especializada en literatura italiana, al estilo de Nevsky Propspects y los escritores rusos), ni por supuesto, el autor. No me suelen gustar esos saltos al vacio, casi nunca salen bien, pero el libro era barato y de atractivo diseño, así que entré y lo compré.
Bien, no me arrepiento y, modestamente, me atrevo a enmendarle la plana a todo un Calvino, que, por supuesto, no es infalible, también dejó fuera de su antología a nuestro Becquer. En mi humilde opinión Tarchetti es un autor, si no deslumbrante o genial, si extremadamente digno e interesante. Alguien que aguanta perfectamente la comparación con muchos de sus coetáneos ingleses o franceses.
Investigando más en la figura de este secundario de lujo se descubren una serie de rasgos afines a otras figuras del Romanticismo, aunque sea un Romanticismo tardío como el que Tarchetti y otros protagonizaron en Italia a mediados del XIX. Militar frustrado por motivos de salud (la tuberculosis que le llevó a la tumba con sólo 30 años), Tarchetti eligió el campo de las letras al dejar las armas y se unió a un movimiento conocido como scapagliamento, una especie de punkis del ochocientos, contrarios al romanticismo oficial del Risorgimiento (muy unido al nacionalismo y a la idea de unificación) y auténticos outsiders, enemigos de todo orden establecido y fascinados por los aspectos más oscuros y morbosos del alma humana, desde el satanismo a la locura.
Todo esto les llevó a cultivar un cierto malditismo y a cosechar un profundo rechazo por parte de la sociedad bien pensante. Su defensa de Poe, Hoffmann, Baudelaire y el primer Naturalismo de los Goncourt (peculiar popurrí), no ayudó mucho a su éxito dentro del Piamonte de Garibaldi, Cavour y Vittotio Emanuel, da la sensación de que toda la lucha por lograr la unidad de Italia era algo ajeno para ellos, un pecado imperdonable en aquellos años.
Y así, Tarchetti cumplió su papel de romántico maldito hasta el final, muriendo joven, de tuberculosis, en la miseria, rechazado por casi todos y con una obra tan dispersa como inacabada.
Ciertamente, años después su figura ha sido revalorizada y su novela “Fosca” ha alcanzado una posición de clásico menor que se mantiene hasta nuestros días (curiosamente, este título fue en su momento estudiada con cierto interés por Calvino, de ahí que su decisión de incluir ningún cuento de Tarchetti en su antología sea aún más misteriosa).
Este volumen recoge cinco cuentos que resultan encantadores, bien escritos y realmente mágicos. Aunque en la solapa se hace referencia a la influencia de Hoffmann y Poe, me atrevo a decir que ni la fantasía desbordada del alemán, ni el gusto por lo macabro del estadounidense pueden hallarse en estas páginas. En cambio, las menciones, igualmente en la solapa, a Nerval y, especialmente, Gautier, me parecen más acertadas. Tarchetti presenta un gusto bastante afrancesado, nada extraño viniendo de un milanés y máxime teniendo en cuenta los años en que escribió.
La delicadeza y sensibilidad de Gautier, su gusto por lo poético y por la levedad se dejan ver en muchas de estas páginas, al igual que un cierto interés por lo onírico y lo delirante, también típicamente gauteriano pero donde la mano de Nerval se presenta mucho más firme.
En este sentido, y por situarnos en un marco más cercano al lector español, si a alguien me ha recordado Tarchetti es a Guy de Maupassant, especialmente en aquellos cuentos suyos donde la locura hace actos de presencia, aunque, por otro lado, hay que destacar también que lo brutal y lo grosero (dos de las debilidades del normando) brillan aquí por su ausencia.
En esta dirección destaca el mejor cuento del libro “La letra U (manuscrito de un loco)”, que si viniese firmado por Maupassant daría perfectamente el pego. Descartando, por las fechas, una influencia Maupassant-Tarchetti cabe preguntarse si es posible que la dirección fuese la contraria. Lo ignoro, desde luego no he encontrado ninguna referencia a él entre los estudiosos de Maupassant, pero, obviamente, mis conocimientos distan mucho de ser los de un experto. Desde luego puede que nos hallemos ante un fenómeno de convergencia cultural (mismo ambiente, casi misma época), repito, lo ignoro, pero si el discípulo de Flaubert hubiera escrito este cuento, sería una de las piezas más citadas de su obra. “La letra U” parte de una idea delirante y loca (como deja claro el subtítulo): la obsesión que despierta en una persona el carácter maligno de esta vocal. Tarcchetti sabe llevar perfectamente el pulso del relato y nos va metiendo poco a poco en la locura de su personaje, logrando un climax magistral y, en el colmo de la audacia, (recordemos, el cuento fue publicado en 1869), jugando con la tipografía de una forma extremadamente original.
No menos interesante resulta “Los fatídicos”, un minucioso estudio sobre la obsesión, tan italiana, del mal de ojo y que está a la altura del “Jettatura” de Gautier (y en este caso las fechas sí que avalan la teoría de la influencia del francés sobre Tarchetti), aunque donde el francés se dejaba llevar por un cierto gusto por lo exótico, el italiano prefiere centrarse en un estudio psicológico de aquellos que sufren este mal con resultados tan brillantes como perturbadolres.
Mucho más original es “La leyenda del castillo negro”, con la reencarnación como principal tema (y de nuevo uno podría pensar en Gautier, especialmente en su “Avatar”, aunque las filosofías orientales hacían furor por estos años en toda Europa). Pero Tarchetti es muy innovador a la hora de tratar el tema y muestra únicamente la punta del iceberg de las posibles otras vidas de sus protagonista, envolviendo el cuento en un halo tremendamente misteriosos y evocador muy del gusto romántico (especialmente en la idea de la novela inacabada, y no es otra cosa si no eso lo que el cuento deja entrever).
“Un hueso de muerto” una historia tremendista de médiums y aparecidos, con su leve toque humorístico, es, probablemente lo más flojo del libro aunque no deja de ser una historia más que digna.
En cambio, el último cuento, “El espíritu del frambueso”, deja un estupendo sabor de boca en el lector, una turbia historia de celos y crímenes donde lo fantástico irrumpe con fuerza y, nuevamente, con originalidad y ejemplar eficacia. Un cuento que ejemplifica perfectamente lo que el XIX entendía por literatura fantástica.
Una pena que no se sepa mucho más de Tarchetti por estos lares, si hubiese más relatos suyos como los de esta recopilación no me importaría nada hincarles el diente, resultan de lo más refrescantes.
No he vuelto a ver ningún libro más de esta editorial, ni siquiera en la librería donde adquirí este ejemplar, así que desconozco su suerte (me temo lo peor, claro). Estéticamente hablando, Violín de Carol hace (o hacía) libros bonitos, pequeños pero con gusto y a buen precio. Si acaso, como único fallo, eso sí, importante, resaltar que los duendes de la imprenta han hecho desaparecer unas cuantas palabras en el primer cuento del libro, “Los fatídicos”, aunque por el contexto se sigue perfectamente la historia. Un hecho, aparentemente puntual, en el resto de los relatos no se aprecia este fallo, que desentona un tanto con el cuidado a la hacer las cosas que presenta el libro en su conjunto, es de suponer que en títulos futuros este fallo se subsane, si hay futuro, claro.
En cuanto a la traducción, de Nahuel Cerrutti Carol, difícil ponerle un pero y un ejemplo de cómo hacer bien las cosas.

1 Comments:

Blogger Manuel Torcuato said...

Da gusto ver una bitácora que trata de libros poco vendidos y poco leídos. Auténtico frikismo y no ese frikismo gregario y previsible que tanto me desagrada.
Ya he acabado este libro y también me ha gustado. Me parece indiscutiblemente original.
Tiene un modo Tarchetti de dejar en la sombra partes del argumento, de no explicar, que encuentro muy sugerente.
Destacaría "El espíritu del frambueso". Por su originalidad profunda y por un desarrollo inspirado de principio a fin, me parece un gran relato. Como todo gran cuento de lo fantástico, daría para comentar mucho. Es, en el fondo, un gran relato de amor.
El siguiente autor italiano de lo fantástico que tengo en mente es Landolfi y su "Cuento de otoño".

vie. ene. 20, 06:46:00 p. m. 2012  

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