jueves, febrero 15, 2007

La Imposibilidad de Ser Profesional de la CF en España (III)

Para España, el cambio que empezó a alejarnos de Europa y convertirnos en un país donde leer y escribir ciencia ficción se convirtiese en algo imposible, empezó a fraguarse en los años finales del reinado de Carlos I y bajo el gobierno de su hijo Felipe II.
Pasaron demasiadas cosas y no todas buenas. España se convirtió en el Imperio, en la mayor potencia mundial de la época, en el país más rico y poderoso. Pero lo hicimos de una forma curiosa. En esencia, el principal origen de nuestra riqueza fue América y sus inagotables minas de oro y plata. Nada había más sencillo que extraer el mineral en Perú y México, transportarlo a Sevilla e inundar Europa de metales preciosos.
Nos volvimos ricos, codiciosos y holgazanes. ¿Para qué dedicarse al comercio o la industria si el oro caía en nuestras manos con una sencillez pasmosa? La burguesía comercial castellana murió poco a poco, era más fácil buscar la gloria en América que dedicarse al trabajo sucio del día a día. Murió conquistando un Imperio en costas extrañas pero también ante la pérdida de los tradicionales mercados del norte de Europa por las guerras con Flandes e Inglaterra y por el monopolio de Sevilla que impidió a otros puertos españoles dedicarse al lucrativo negocio americano.
Monopolio que, por otra parte, bien poco aprovecharon los españoles ya que el comercio indiano quedó rápidamente en manos de comerciantes extranjeros (italianos en su mayor parte).
En cuanto a construir una industria ¿para qué? Somos tan ricos que resulta más sencillo y cómodo comprar lo que necesitamos fuera, en Inglaterra, Flandes, Francia...
La burguesía española se deshace como un helado al sol.
La cosa llega a extremos realmente desdichados. El trabajo se convierte en deshonra y todos nos convertimos en nobles, hidalgos y cristianos viejos para los que trabajar es poco menos de locura y deshonor. Nace la picaresca, la huida a América, el enrolamiento en los Tercios. Lo que sea en vez de trabajar.
Por otro lado, la burguesía pierde su futuro político con la derrota de los Comuneros al inicio del reinado de Carlos I. Es, por tanto, un grupo social condenado a convertirse en algo tan pequeño como poco importante, tan muerto en lo económico como respecto al ejercicio del poder.
En Inglaterra las cosas son muy diferentes. Es cierto que hasta el siglo XVII no se inicia el imperio británico y que este no llegó a su máximo desarrollo hasta el XVIII pero desde el XVI, y gracias a la guerra en el norte (Flandes, siempre Flandes), la burguesía inglesa ha empezado a hacerse con el control de las rutas del Mar del Norte y el Báltico. Su posterior expansión hacia las costas americanas, africanas y asiáticas la convertirán en un grupo social poderoso donde los haya que aumenta en número y no tiene empacho en mezclarse con la nobleza. Además, a mediados del XVII, la Guerra Civil que sufre la isla la convierte en la garante del poder político en detrimento de monarquía y nobles.
Pero los males de España no acaban aquí, están las guerras por cuestiones dinásticas e imperiales, guerras continuas y agotadoras, guerras donde se gasta todo el oro de América y que desangran a varias generaciones. Guerras, en suma, futiles y estúpidas ¿Qué se nos había perdido en Flandes, en Silesia, Bohemia o el Palatinado? ¿En Grecia y los Balcanes? Bastante poco pero eso no fue óbice para que allí el Imperio acabase destrozado.
Inglaterra fue más inteligente, a ser posible las guerras exteriores y baratas (sólo la flota, un ejército es muy caro) y siempre con intereses comerciales, primero con la España de los Austrias pero también con Holanda y la Francia de Luis XIV. Para el siglo XVIII estas guerras limitadas e inteligentes han permitido a los británicos desarrollar un imperio poderoso, extenso y muy rico, en los mismos años en que el nuestro podía darse por muerto y enterrado. La burguesía inglesa tenía donde medrar, la española agonizaba sin ni siquiera tierra para su tumba.
Las Revolución Industrial fue ya el último clavo en el ataúd. Mientras la Inglaterra decimonónica se convertía en el taller del mundo y, por consiguiente, en la mayor potencia mundial, España pasaba poco menos que a convertirse en un país subdesarrollado, África empieza en los Pirineos, se decía en aquellos años para referirse a nosotros, y no es menos curiosos que uno de los principales estudios sobre la industrialización española se titule “El fracaso de la Revolución Industrial en España”.
Pero, todo esto ¿qué tiene que ver con las letras? Mucho, es cierto que durante los siglos XVI y XVII nuestro país vivió su “Siglo de Oro” de la literatura y que apareció la figura del escritor profesional, gracias a la existencia de un público culto que, como ya hemos visto, se había ido formando por una serie de múltiples causas. Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca son autores que escriben buscando el éxito profesional pero, a pesar del Quijote y de la novela Picaresca, el público sigue siendo mayoritariamente analfabeto, así que el triunfo y el dinero sólo pueden estar en el teatro. Y eso explica por que Lope y Calderón fueron los grandes triunfadores de la época, por que Cervantes siempre rozó, ante sus fracasos teatrales y a pesar del éxito del Quijote que poco dinero le dio, la ruina, por que Góngora murió en la pobreza y por que Quevedo siempre buscó la corte como sustento y fuente de mecenazgo. La profesionalización sólo podía conseguirse en las tablas ante la falta de un público lector.
Y lo mismo pasaba en otras latitudes, no sólo esta fue la época del Siglo de Oro español, fue también el momento de grandes obras y autores en Francia e Inglaterra pero, curiosamente, con un denominador común a lo español, el éxito monetario venía de la mano del teatro, no de la novela. Fueron los años de Corneille, Moliere, Shakespeare y todos los autores isabelinos.
Las cosas, lógicamente, cambiaron en el XVIII-XIX y aquí fue donde España perdió el rumbo de forma definitiva. El XVIII es el siglo en que la burguesía salta el poder político, económico y cultural sin complejos. En los libros, los burgueses dan mayor importancia a la novela que a la poesía o el teatro (géneros más del gusto de la nobleza y del pueblo). Así pues, es ahora cuando la novela, el gran artefacto literario de nuestros días, inicia su andadura, y la inicia con paso firme en aquellos países donde la burguesía es potente tanto en número como en dinero. Ya no se puede vivir únicamente del teatro, hay un público para la novela y, además, en Inglaterra se empieza a poner de moda educar a las mujeres (las grandes ausentes de la historia de las letras hasta ese momento), de esta forma, el público potencial se duplica y, por primera vez, el gusto se diversifica, ya no sólo entre nobles y burgueses si no principalmente entre mujeres y hombres. Algunos nombres nos pueden ayudar a entender la pujanza de estas primeras novelas: Defoe, Swift, Sterne, Fielding, Richardson, Cleland, Smollet, Jhonson, Walpole, Goldsmith, Mackensey, Burney, Beckford, Godwin, Radcliffe, Lewis (Inglaterra), Voltaire, Rousseau, Laclos, Sade, Diderot (Francia), Goethe, Holderlin, Kleist, Moritz (Alemania).
Frente a esto ¿qué hay de España? Nuestro XVIII es patético, a esta avalancha de nombres sólo me atrevo a presentar a José Cadalso (que encima fue un ejemplo de autor que escribía para sí mismo no para el público) o Torres Villarroel, nombres como Feijoo, Mayans, Jovellanos o Moratín dan vergüenza ajena por lo insulso, aburrido, ñoño, pasado de moda o poco originales de sus producciones. En España no hay burguesía y, por tanto, es imposible que haya novela.
Además, y como algún lector se habrá dado cuenta vista la lista de nombres, el XVIII es el momento en que aparece uno de los primeros géneros populares donde se sitúan las raíces de la ciencia ficción actual: el gótico, inicialmente, cosa de mujeres. Como en España las mujeres seguían teniendo el status de animal de compañía más que de ser humano era evidente que este tipo de libros tardarían bastante en aparecer.

3 Comments:

Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

Interesante analítica sobre las causas de nuestro mal endémico. Encuentro a faltar -tal vez lo comentarás en posteriores entregas- el tradicional desprecio a todo lo que suena a intelectual, como es "leer", así como el desprecio por todo lo que no es estrictamente "realista".

Tus artículos son realmente interesantes y disfruto mucho leyéndolos. Gracias.

jue. feb. 15, 11:36:00 a. m. 2007  
Blogger Iván Fernández Balbuena said...

Gracias a ti por los elogios. Y todos tus deseos serán cumplidos ;)

vie. feb. 16, 10:41:00 a. m. 2007  
Anonymous Jaumet said...

Enhorabuena por el artículo. Què hubiera pasado si en lugar de carlos I hubiera continuado el linaje original? germanos eran los godos que perdieron Iberia ante los musulmanes -o sea,que todos provenimos de ellos en realidad-,un rey germano fue el inicio el camino de la península hacia el subdesarrollo. si es que es para pillarles mania... : P

vie. oct. 26, 05:57:00 p. m. 2007  

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