martes, agosto 15, 2006

El Cuarto de las Hadas de Madame D'Aulnoy


Este libro recoge los mejores cuentos de hadas de Madame D’Aulnoy que aparecieron originalmente en dos tomos: Contes de Fées (1697) y Les Fées a la mode (1698). El caso de esta escritora es realmente peculiar, en cierta forma fue la inventora del moderno cuento infantil o cuento de hadas al incluir una historia de este tipo en una novela sentimental previa publicada en 1690. La novela, probablemente, debe de ser infumable pero el cuentecillo tuvo una cierta repercusión en la corte francesa de Luis XIV (no sólo centro de poder político si no también literario) que llevó a la publicación en 1697 de los archiconocidos Histories ou Contes du temps passé de Charles Perrault (de los que ya he hablado en una entrada anterior).
Madame de D’Aulnoy debió de sentirse un tanto picada por el éxito de Perrault, teniendo en cuenta su carácter de pionera, de ahí que publicase tan rápidamente estos dos volúmenes que tuvieron un gran éxito en Francia y que convirtieron a los cuentos de hadas en una auténtica monomanía que derivó en verdaderos excesos y en obras bastante alejadas de la literatura infantil (recordemos La Poupée de Jean Galli de Bibbiéna de 1747 de la que también he hablado en este blog). De esta forma, en 1789 se publicó una recopilación de todos los cuentos de hadas escritos hasta entonces (Le Cabinet des Fées) que contó nada menos que con ¡41 tomos!.
Pero volviendo a la obra de Madame D’Aulnoy, sería difícil encontrar unos cuentos más diferentes a los de Perrault. Donde este es breve, D’Aulnoy es prolija, donde el primero busca la sencillez la segunda se deja llevar por el barroquismo, y cuando el francés piensa en los niños su competidora tiene en mente a los adultos.
Por tanto, estos diez cuentos son, en muchos aspectos, sorprendentes. Hasta cierto punto un tanto difíciles de leer dado el alambicado y excesivo estilo de la época pero, una vez superado este escollo, llenos de sorpresas. La imaginación de la francesa sólo puede calificarse de exuberante. Las descripciones largas y minuciosas de personajes y paisajes fantásticos son impresionantes. Las tramas que se desarrollan pecan de una cierta irracionalidad e incoherencia que, a veces rozan, el surrealismo y las llenan de un encanto especial difícil de definir.
Sin embargo, lo que más llama la atención de estos cuentos es la extrema crueldad que se refleja en ellos, no una crueldad debido a los usos y costumbres de la época como, una vez más, es el caso de Perrault, si no, más bien, una crueldad inherente al propio carácter de Madame D’Aulnoy, un personaje en si digno de una novela: hizo detener a su marido con pruebas falsas y ayudada por sus amantes por el crimen de alta traición, cuando en el juicio la verdad salió a la luz, D’Aulnoy huyó a España primero e Inglaterra después (previo refugio en sagrado) mientras que sus cómplices eran ejecutados. En ambos países conspiró a favor de Francia lo que le ganó el perdón y la vuelta del destierro pero aquí no acabaron sus malas compañías ya que tuvo nuevos problemas debido a sus relaciones con otra conocida asesina de maridos que acabó en la horca.
En fin, un personaje peculiar, en el que da la sensación de que la ética y la moral están en un segundo plano, el fin justifica los medios y la conspiración es un forma de vida. Y algo de esto hay en sus cuentos donde a veces es imposible saber quien es más taimado y traicionero si el príncipe o la princesa protagonistas o las desagradables hadas que luchan contra ellos.
En cualquier caso un libro peculiar e interesante que Siruela, con la calidad acostumbrada, ha tenido a bien reeditar en el 2005 después de agotarse la edición previa de 1992. El volumen cuenta también con un prólogo de Luis Alberto de Cuenca (verdadero especialista en el fantástico más antiguo) breve pero muy jugoso que es un valor añadido.