martes, agosto 23, 2005

El cuento de ciencia ficción en el siglo XIX (I)

No creo que este sea ni el lugar ni el momento para ponernos a discutir sobre cuestiones tales como que es la ciencia ficción y por que el siglo XIX es la fecha que marca su nacimiento. A lo primero respondamos con nuestra personal sabiduría, a lo segundo remitámonos a lo que indican otros estudiosos: la ciencia ficción nació en 1818 con la publicación de “Frankenstein” de Mary Shelley y puede verse como un fruto lógico de la Revolución Industrial y la revolución científico-técnica de esta época.

Ahora bien, uno puede preguntarse ¿Por que leer a estos clásicos? ¿Realmente merece la pena? Bueno, ya que estoy haciendo esto, la respuesta es obvia pero quizás sea necesario dar algunas explicaciones más. Merece la pena leer esta ciencia ficción tan antañona por tres razones básicas:

1 – Arqueología literaria: una forma de entender de donde vienen algunos de los

temas mas típicos del genero.

2 – Entender una época: la ciencia ficción no intenta adivinar el futuro si no

que nos muestra con una mirada especial como es el presente. Al leer estos

cuentos podemos comprender mejor como se enfrentaba a un mundo

cambiante el lector decimonónico.

3 – Calidad literaria: por que realmente muchos de estos cuentos merecen la

pena por si mismos, al margen de los anteriores puntos, son pequeñas obras

maestras que todo el mundo debería de conocer.

¿Y como es esta ciencia ficción tan antigua? Pues en muchos casos bastante parecida a la actual. Por lo menos la buena. En primer lugar, en estos años todavía no existía ninguna crítica contra el género. Cualquier escritor podía cultivarlo sin complejos y autores tan conocidos y admitidos por la academia literaria como Anton Chejov, Mark Twain, Guy de Mauppassant, Herman Melville, E. T. A. Hoffman, Leopoldo Alas Clarín, Nathaniel Hawthorne, Villiers de L’Isle Adam, Rudyard Kipling, Edagar Allan Poe o Mary Shelley hicieron sus pinitos al respecto con mayor o menor fortuna. Así que, desde luego, hay calidad literaria y estilo a raudales.

Por otro lado, muchos de los escritores pertenecían al campo del entretenimiento popular, vamos, una especia de pulps en ciernes o los antepasados directos de los actuales autores de best sellers. Por tanto, también nos encontramos con acción a raudales, diversión y entretenimiento (mucho más pedestre que en el caso anterior pero no solo de caviar vive el hombre) y aquí encontramos a gente como Arthur Conan Doyle, Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London y un largo etc en muchos casos ya olvidado.

Sorprende también observar como muchos de los temas habituales del genero ya existían en esta época e incluso podía empezar a vislumbrarse un principio de separación entre hard y soft.

Otro rasgo peculiar y que hace a estas historias muy actuales es el marcado aire fantástico de muchas de ellas (que entronca directamente con la obra de autores novísimos como M. John Harrison, China Mieville y sus acólitos). Probablemente no fue una decisión premeditada y tuvo más que ver con las dificultades para diferenciar los límites entre ciencia y magia en unos años en los que los adelantos científicos eran constantes y todo parecía posible pero, a la vez, aun se recordaban perfectamente muchas de las tradiciones más arcaicas.

No todo fue positivo, junto a estos relatos maravillosos hay una legión de truños y petardos ilegibles y esto por numerosas razones. Por un lado por que el tiempo hace estragos y lo que parecía magnífico en 1860 hoy resulta de cartón piedra, por otro lado, por que muchos de estos cuentos (especialmente los españoles) son meras copias sin gracia de la obra de Verne y resultan infumables. Otras, en cambio, se adentran en el terreno de la utopía (generalmente socialista) y resultan de una aridez asombrosa. Por último, muchas parten de un didactismo que resulta aburridísimo, cuentos que se convierten en un mero catálogo de las maravillas por venir pero que carecen totalmente de trama, personajes o cualquier mínimo atisbo narrativo.

En cualquier caso, lean, lean que algo queda.

2 Comments:

Blogger Xoota said...

"Cualquier escritor podía cultivarlo sin complejos y autores tan conocidos y admitidos por la academia literaria como Anton Chejov, Mark Twain, Guy de Mauppassant, Herman Melville, E. T. A. Hoffman, Leopoldo Alas Clarín, Nathaniel Hawthorne, Villiers de L’Isle Adam, Rudyard Kipling, Edagar Allan Poe o Mary Shelley hicieron sus pinitos al respecto con mayor o menor fortuna. Así que, desde luego, hay calidad literaria y estilo a raudales."

Yo aún añadiría que el hecho de que el hecho de que el "género" (porque no estoy muy seguro de que podamos hablar de género como tal) no estuviese "mal visto", o siemplemente visto como algo banal, como ocurre actualmente, consiguió que la calidad de la literatura secundaria generada a partir de los textos de estos autores, sea, tan buena o más que la calidad del relato tratado. Hasta el propio Sigmund Freud aplicó su psicoanálisis a los personajes del cuento Der Sandmann de E.T.A. Hoffman, incluído en "Nachtstücke" ("el hombre de la arena en castellano, creo que fue su traducción").

Vengo de visita desde el blog de Nacho y sólo puedo decirte que este es un gran blog. Supongo que me verás más por aquí :)

mié. ago. 24, 03:13:00 p. m. 2005  
Blogger Iván Fernández Balbuena said...

En cierta forma, mi comentario no deja de ser un poco tramposo fruto de mi entusiasmo. Muchos de los autores que he citado solo escribieron un cuento o dos de ciencia ficción (caso de Chejov, Melville o Clarín) incluso con un tono burlesco pero el hecho de que ese tipo de literatura aún no estuviese etiquetada permitió a muchos de ellos experimentar con estas nuevas ideas y, a veces, escribir algunas obras canónicas (como Twain, London o Kipling). Lo divertido del asunto, como bien has señalado, es que la crítica literaria seria cita estas obras como libros a tener en cuenta sin decir que son de ciencia ficción. Me temo que muy a menudo por que no se dan ni cuenta de semejante hecho.
Y gracias por pasarte por aquí Xoota, espero verte más a menudo.

jue. ago. 25, 01:11:00 a. m. 2005  

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